lunes, 1 de octubre de 2012

LO QUE DE VERDAD IMPORTA


María José Llamas

Jonathan Hernández. La reforma tiene muchas decenas de periódicos, pero ni un solo hombre. La Caja Negra (Madrid)

Jonathan Hernández hace coincidir la presentación de su libro de artista Vulnerabilia (ver llover) 2008-2012 con la exposición de piezas derivadas del mismo en la La Caja Negra.

Las piezas expuestas surgen a raíz de una colección de fotografías recogidas por los medios de comunicación a lo largo de los últimos años pero desprovistas de su contexto original. A partir de dichas imágenes Hernández construye geniales collages con un nuevo discurso donde lo que importa es el individuo. Es la personalidad humana, el reconocimiento total y absoluto de la individualidad, lo que reivindica el artista mexicano. No en vano, la obra que ha servido de inspiración es el ensayo Desobediencia Civil, de Henry David Thoreau, y así no sólo el título sino también una de las piezas claves de la muestra, Disolvencia Civil, constituye un claro homenaje a la obra del literato americano. Es esta exposición una muestra impactante, que sacude frontalmente al espectador poniendo ante sus ojos el sentir del hombre, ofreciendo con crudeza un discurso sobre la emoción, la angustia, el dolor, la alegría sin límites y el sufrimiento máximo, personas concretas en un instante extremo. Ofrece un compendio sobre los acontecimientos mundiales de los últimos años, guerras, victorias deportivas, manifestaciones populares, conciertos multitudinarios, crisis políticas y personales...todo ello a través de las emociones del ser humano.

Frente a esta visión de la persona Hernández conjuga con ironía el escenario de lo político, de los gobernantes que  dirigen los designios del mundo ajenos a la particularidad del individuo. Ocupados en el manejo de enormes temas vacíos de humanidad que desplazan al hombre y lo eliminan del escenario. Aparcadas quedan las esculturas erigidas a los dirigentes de las grandes potencias mundiales, abandonadas o ignoradas por su incapacidad para regir el destino del hombre sin obviar su trascendencia, su singularidad. Sólo las huellas de la guerra en la arquitectura, perduran en el tiempo como muestra y recuerdo del dolor experimentado por el hombre, inmutables en la piedra y carentes de emoción constituyen la prueba demoledora de lo vivido por el ser humano, de lo experimentado por la sociedad civil. En contraposición Hernández representa mediante grandes círculos blancos y vacíos, lo teorizado en la mente y en el discurso de los gobiernos, problemáticas más o menos importantes que no constituyen en si mismas más que conceptos, ajenos a las consecuencias que su implementación producirán en el individuo, en la persona.

Jonathan Hernández ofrece una exposición ingeniosa, inteligente, que supone una llamada de atención ante lo convulso del panorama actual. Hernández denuncia el abandono de la persona, su invisibilidad, y reclama el papel central del individuo en la sociedad y en el devenir de los acontecimientos. 

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