María José Llamas
Jonathan Hernández. La
reforma tiene muchas decenas de periódicos, pero ni un solo hombre. La Caja
Negra (Madrid)
Jonathan Hernández hace coincidir
la presentación de su libro de artista Vulnerabilia (ver llover) 2008-2012
con la exposición de piezas derivadas del mismo en la La Caja Negra.
Las piezas expuestas surgen a
raíz de una colección de fotografías recogidas por los medios de comunicación a
lo largo de los últimos años pero desprovistas de su contexto original. A
partir de dichas imágenes Hernández construye geniales collages con un nuevo
discurso donde lo que importa es el individuo. Es la personalidad humana, el reconocimiento
total y absoluto de la individualidad, lo que reivindica el artista mexicano.
No en vano, la obra que ha servido de inspiración es el ensayo Desobediencia
Civil, de Henry David Thoreau, y así no sólo el título sino también una de
las piezas claves de la muestra, Disolvencia Civil, constituye un claro
homenaje a la obra del literato americano. Es esta exposición una muestra
impactante, que sacude frontalmente al espectador poniendo ante sus ojos el
sentir del hombre, ofreciendo con crudeza un discurso sobre la emoción, la
angustia, el dolor, la alegría sin límites y el sufrimiento máximo, personas
concretas en un instante extremo. Ofrece un compendio sobre los acontecimientos
mundiales de los últimos años, guerras, victorias deportivas, manifestaciones
populares, conciertos multitudinarios, crisis políticas y personales...todo
ello a través de las emociones del ser humano.
Frente a esta visión de la
persona Hernández conjuga con ironía el escenario de lo político, de los
gobernantes que dirigen los designios
del mundo ajenos a la particularidad del individuo. Ocupados en el manejo de
enormes temas vacíos de humanidad que desplazan al hombre y lo eliminan del
escenario. Aparcadas quedan las esculturas erigidas a los dirigentes de las
grandes potencias mundiales, abandonadas o ignoradas por su incapacidad para
regir el destino del hombre sin obviar su trascendencia, su singularidad. Sólo
las huellas de la guerra en la arquitectura, perduran en el tiempo como muestra
y recuerdo del dolor experimentado por el hombre, inmutables en la piedra y
carentes de emoción constituyen la prueba demoledora de lo vivido por el ser
humano, de lo experimentado por la sociedad civil. En contraposición Hernández
representa mediante grandes círculos blancos y vacíos, lo teorizado en la mente
y en el discurso de los gobiernos, problemáticas más o menos importantes que no
constituyen en si mismas más que conceptos, ajenos a las consecuencias que su
implementación producirán en el individuo, en la persona.
Jonathan Hernández ofrece una
exposición ingeniosa, inteligente, que supone una llamada de atención ante lo
convulso del panorama actual. Hernández denuncia el abandono de la persona, su
invisibilidad, y reclama el papel central del individuo en la sociedad y en el
devenir de los acontecimientos.
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