lunes, 1 de octubre de 2012


POR CADA  POLÍTICO UN CUENTO, POR CADA HOMBRE UN SENTIMIENTO:

Ana Domínguez Sánchez
la reforma tiene muchas decenas de periódicos, pero ni un solo hombre. Jonathan Hernández Galería La Caja Negra (Madrid).

Jonathan Hernández, (Ciudad de México, 1972) Vive y trabaja en la ciudad de México. Durante años Hernández ha sido un duro analista y crítico de los medios de comunicación y  a través de  su obra en la que utiliza imágenes cotidianas  sin ningún tipo  de contexto, nos lo muestra.  Su obra está basada  en una frase sacada del texto Desobediencia civil  de Henry David Thoreau. Además,  Hernández intenta  apelar  a la reflexión  del espectador con esta propuesta artística.
Dolor, pena, tristeza, alegría o satisfacción son algunos de  los sentimientos que Jonathan Hernández  ha querido plasmar en su obra. El mundo nunca se queda quieto, cuando una persona llora otra ríe, cuando alguien sufre otra persona se siente plena…sin embargo, en momentos de crisis hasta los más puros sentimientos se pervierten. Hernández refleja esta manipulación de los sentimientos y además denuncia como esta manipulación proviene de los medios de comunicación. Todo ello lo realiza a través de una serie de fotografías de periódicos recientes. La crisis económica es un hecho, los cinco millones de parados en España, las guerras en Líbano y la rivalidad entre deportistas también. En tiempo de los romanos, se decía “pan y circo”, en nuestros días se está haciendo algo parecido a través de los medios de comunicación, manipulados a su vez por los propios políticos. Hernández, muestra cómo los políticos “juegan” con la crisis del mundo, fingen que la tocan y la controlan pero en realidad ni si quera pueden verla. Los hombres se dan cuenta, la situación no mejora  y el político decide  informar  de los que mas “importa” en tiempos de crisis: la prohibición de los toros, la moda, la gastronomía, los avances tecnológicos…
Por otra parte, la exposición también refleja las consecuencias de una crisis llevada al extremo en diversos lugares. Aparecen los sentimientos de injusticia, de ira o desesperanza. El autor, narra cómo el mundo está metida en una gran crisis económica  y en guerra, en guerra por sus derechos, en guerra por sus sentimientos, y porque no decirlo, en guerra por sus políticos. Vivimos tiempos convulsos, la juventud crece y comienza a pensar por sí misma y reivindican sus derechos. Comienzan a manifestarse sentimientos nuevos dentro de la sociedad provocada por unos pocos. Donde el político “piensa” y al pueblo se les distrae o bien con las dificultades  de otros países o bien con sentimientos que oculten la realidad. Pues como decían nuestros abuelos “ojos que no ven corazón que no siente”. Es en este momento donde el autor aprovecha para apelar  la conciencia de cualquier visitante y lanzar un grito de ánimo y de esperanza en la lucha por nuestros sentimientos, por todo aquello en lo creemos y valoramos y que  aunque la política o los medios se impongan por delante  el hombre no se puede quedar parado.


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