lunes, 1 de octubre de 2012

                        RETRATOS DE SANGRE, HUMO Y LÁGRIMAS

Marco Torres Romero de Ávila

La reforma tiene muchas decenas de periódicos, pero ni un solo hombre. Jonathan Hernández.
La Caja Negra. Madrid (Chamberí)


Interesante trabajo el que nos presenta Jonathan Hernández en La Caja Negra de Madrid durante estos meses y hasta mediados de noviembre. Con unos títulos y conceptos herederos de “La desobediencia civil”, del estadounidense Henry David Thoreau, el autor mejicano elabora a lo largo de varios años un conjunto de obras de fuerte y agresiva carga crítica, mordaz, y necesaria, y de la mayor actualidad posible.

La obra, de por sí sencilla en ejecución y apariencia, no desentona ni se ve desmerecida en el peculiar emplazamiento de la galería Caja Negra, sino que se integra muy bien con la escueta decoración y blanca desnudez general del lugar.

En la primera habitación a la que se accede, asistimos a un panorama poco halagüeño y menos esperanzador aún: a un lado, encontramos una interesante, por su imaginación visual y el resultado estético, recopilación de retratos de políticos (y, en definitiva, figuras de gran poder), todos ellos sosteniendo de algún modo, circunferencias perfectas recortadas en el papel, las cuales bien podrían sugerir múltiples significados...
Aunque inicialmente se puedan imaginar como algún tipo de esferas que, metafóricamente, representen poder, al igual que lo haría un cetro, o una bola del Mundo (lo cual resultaría, como poco, escalofriante y ominoso), considero más interesante y acorde con el espíritu crítico general de la obra, el contemplarlas como simple vacío: palabras y promesas vanas para convencer a un pueblo que ya no se cree nada.

Observando en las otras paredes, abundan los símbolos de la decadencia de una sociedad resquebrajada y cansada; con especial impacto por parte del collage más belicoso de toda la exposición (enfrentado al de los políticos con esferas): fuego, humo, agua, trifulcas, golpes, y carreras a la desesperada... pequeñas porciones de la ultraviolencia que tan a menudo podemos observar HOY mismo en nuestras calles (ya no sólo en la televisión), como consecuencia de unos gravísimos problemas causados por los Grandes Culpables, y pagados por quienes nada tienen que ver.

Otro de los temas que busca tratar el autor es el de “lo visible de la realidad”, contrapuesto a “la ficción de lo invisible”, como invisibles son las emociones que embargan a los protagonistas de los retratos en otro de los conjuntos que nos presenta Hernández, en una habitación más interior, con vistas al hosco cielo gris del otoño madrileño.
Cuatro cuadros separados repletos de rostros humanos, de gargantas desgarradas, lágrimas a punto de estallar, o de cabezas tapadas para ocultarse... un verdadero mosaico de las más profundas pasiones humanas: la miseria y el triunfo, la angustia y la vergüenza, la satisfacción y la rabia.

Aunque Jonathan Hernández hable de “Vulnerabilia-Ver llover” (y muy acertadamente), lo cierto es que la “fatiga de lo visible”, y lo doloroso de la realidad actual no nos impide enfrentarnos a ella, sino que con este último collage se nos recuerda que la grandeza de ser auténticamente humanos -vulnerables, fuertes, con pasiones- es algo muy por encima de toda crisis, reforma o dirigente, aún cuando más se afanan en mermar nuestro espíritu.

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