RETRATOS
DE SANGRE, HUMO Y LÁGRIMAS
Marco
Torres Romero de Ávila
La
reforma tiene muchas decenas de periódicos, pero ni un solo hombre.
Jonathan Hernández.
La
Caja Negra. Madrid (Chamberí)
Interesante
trabajo el que nos presenta Jonathan Hernández en La Caja Negra de
Madrid durante estos meses y hasta mediados de noviembre. Con unos
títulos y conceptos herederos de “La desobediencia civil”, del
estadounidense Henry David Thoreau, el autor mejicano elabora a lo
largo de varios años un conjunto de obras de fuerte y agresiva carga
crítica, mordaz, y necesaria, y de la mayor actualidad posible.
La obra,
de por sí sencilla en ejecución y apariencia, no desentona ni se ve
desmerecida en el peculiar emplazamiento de la galería Caja Negra,
sino que se integra muy bien con la escueta decoración y blanca
desnudez general del lugar.
En la
primera habitación a la que se accede, asistimos a un panorama poco
halagüeño y menos esperanzador aún: a un lado, encontramos una
interesante, por su imaginación visual y el resultado estético,
recopilación de retratos de políticos (y, en definitiva, figuras de
gran poder), todos ellos sosteniendo de algún modo, circunferencias
perfectas recortadas en el papel, las cuales bien podrían sugerir
múltiples significados...
Aunque
inicialmente se puedan imaginar como algún tipo de esferas que,
metafóricamente, representen poder, al igual que lo haría un cetro,
o una bola del Mundo (lo cual resultaría, como poco, escalofriante y
ominoso), considero más interesante y acorde con el espíritu
crítico general de la obra, el contemplarlas como simple vacío:
palabras y promesas vanas para convencer a un pueblo que ya no se
cree nada.
Observando
en las otras paredes, abundan los símbolos de la decadencia de una
sociedad resquebrajada y cansada; con especial impacto por parte del
collage más belicoso de toda la exposición (enfrentado al de los
políticos con esferas): fuego, humo, agua, trifulcas, golpes, y
carreras a la desesperada... pequeñas porciones de la ultraviolencia
que tan a menudo podemos observar HOY mismo en nuestras calles (ya no
sólo en la televisión), como consecuencia de unos gravísimos
problemas causados por los Grandes Culpables, y pagados por quienes
nada tienen que ver.
Otro de
los temas que busca tratar el autor es el de “lo visible de la
realidad”, contrapuesto a “la ficción de lo invisible”, como
invisibles son las emociones que embargan a los protagonistas de los
retratos en otro de los conjuntos que nos presenta Hernández, en una
habitación más interior, con vistas al hosco cielo gris del otoño
madrileño.
Cuatro
cuadros separados repletos de rostros humanos, de gargantas
desgarradas, lágrimas a punto de estallar, o de cabezas tapadas para
ocultarse... un verdadero mosaico de las más profundas pasiones
humanas: la miseria y el triunfo, la angustia y la vergüenza, la
satisfacción y la rabia.
Aunque
Jonathan Hernández hable de “Vulnerabilia-Ver llover” (y muy
acertadamente), lo cierto es que la “fatiga de lo visible”, y lo
doloroso de la realidad actual no nos impide enfrentarnos a ella,
sino que con este último collage se nos recuerda que la grandeza de
ser auténticamente humanos -vulnerables, fuertes, con pasiones- es
algo muy por encima de toda crisis, reforma o dirigente, aún cuando
más se afanan en mermar nuestro espíritu.
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