Jonathan Hernández. La reforma tiene muchas decenas de periódicos, pero ni un solo hombre. Galería La Caja Negra. Madrid.
Nos encontramos ante la obra
del artista contemporáneo Jonathan Hernández (Ciudad de México,
1972) gran maestro en perfeccionar el arte de la crítica con creaciones inteligentes y sencillas. En esta exposición, realizada en la
acogedora galería la Caja Negra, el artista nos transmite una serie
de obras realizadas con técnicas tan simples como el collage, que
nos sumergen en la crisis actual, donde todos, tanto los opresores
como los oprimidos, se ven salpicados por esta situación.
En un primer acercamiento,
observamos a través de un conjunto selecto de impresiones digitales,
diversos políticos de actualidad, entre ellos nuestro presidente de
gobierno. Estas imágenes han sido elegidas de periódicos y sacadas
de contexto para así dejarlas sin sentido aparente. Y, además, han
sido modificadas con topos blancos situados en las proximidades de
las manos, que sugieren el poderoso dominio que estos ejercen sobre
las sociedades.
Llama la
atención en especial la fotografía Memoria y olvido que
aludiría a las ruinas dejadas por el fracaso de toda esta situación.
Unas ruinas que han caído en el olvido, como los ideales de muchas personas. Por otra parte, la curiosa escultura, Iceberg, no deja paso a la indiferencia aportando una dura crítica al dominio de la economía sobre todo lo existente, incluido la cultura, y como bien se sabe lo dominado por la economía es, de una manera u otra, dominado por la política. Dicha creación representa una versión en miniatura de un manual o libro del Museo Nacional del Prado sobre el cual descansa una oxidada moneda (nótese el énfasis en oxidada).
Jonathan
Hernández origina su obra gracias a una gran fuente de inspiración
para muchos, como fue el escritor norteamericano Henry David Thoreau,
tanto así que dedica por completo uno de sus lienzos a la obra escrita en la cárcel por este escritor. Se trata de un cuadro, Desobediencia civil,
al que directamente llama de la
misma forma que el libro y construye con la reproducción de parte
de dicho ensayo, en el que recalca el tema principal de la miscelánea expuesta: la necesidad de levantamiento por la ineficacia de los
gobiernos y, sobre todo, la importancia de la conciencia individual
frente al colectivo.
Concluimos
entonces con que la obra, en su conjunto, profundiza sobre la visión
que tiene Jonathan Hernández sobre la crisis. Una visión que mimetiza la realidad en el tema de los vendidos medios de
comunicación, los favoritismos entre relaciones familiares de 'altos
cargos' (clara mención a Iñaki Urdangarín, al cual podemos observar en
uno de los collages: Balance
(Ibérico II)),
la necesidad de refugiarse en el bienestar con sus consecuentes
resignaciones o la ineficacia de los políticos, mejor dicho, el
desinterés de los políticos por conseguir una solución viable a largo
plazo.
No se trata de una crisis a nivel nacional sino de una crisis mundial que se
ha ido engendrando desde varias décadas. Tanto económica como
política y socialmente los cimientos se han ido desmoronando hasta derrumbarse por
apoyarse en una superficie demasiado inestable.
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