Jordi Colomer.
Prohibido Cantar / No singing. Obra
didáctica sobre la fundación de una ciudad paradisiaca.
Cristina Sanz García.
Sin nada, sin lujos ni ostentaciones.
Sin luces de neón que reclamen nuestro dinero. Sin lugares en donde se comercie
con lo que nos hace ser humanos, donde no se respeta nada ni nadie, solo el
dinero… Así representa Jordi Colomer la ambición con la que se proyectan estas
“ciudades”. Sin nada querer decirlo todo. Y para qué irnos hasta la visión
actual del juego, de la lujuria y del negocio, si desde hace mucho más tiempo existen
personas que viven siendo feriantes; estos que no están decorados por trajes y
joyas aparecen en esta crítica social.
El mensaje es la sensación que se
produce en uno mismo, una sensación de vacío, de caos y de incomprensión. Una
sensación amarga. Pero para llegar a esto debemos estar al tanto de la
actualidad, debemos situarnos en la situación económica y social que se produce
en nuestro día a día. La desesperación por sobrevivir en una sociedad donde se juega con la crisis
que sin duda donde más repercute es en la clase media de países que,
supuestamente, están desarrollados. Y este tipo de arte, que muchos no
consideran arte, es una manera de llamar la atención, de que un ciudadano
sencillo y cegado por el agobio de esta crisis razone, elabore una opinión
propia y se dé cuenta de la realidad que se nos oculta en beneficio de empresarios
y dirigentes.
Por otro lado, creo que este mensaje
podría haber sido plasmado de una manera más sencilla de la que ha hecho el
autor, debido a la importancia del asunto que se trata en su obra.
Sin duda, el elemento que marca estas
pequeñas filmaciones es el viento. Un viento que arrasa con todo y que hace que
sea difícil que las personas se mantengan en pie. ¿Y por qué un paisaje seco?
Puede ser porque no transmite belleza, no transmite tranquilidad. Transmite
desesperación ante la nada más absoluta. Es cierto que si en ese terreno se
edificasen casinos, restaurantes u hoteles de grandes dimensiones, lujosos
hasta el más mínimo detalle podría resultarnos más atractivo. Pero, las
actividades que allí se realizasen ¿también resultarían atractivas?
Probablemente despertasen nuestra curiosidad, o mejor dicho el morbo ante el
juego, el lujo, el alcohol y el sexo. ¿Queremos ser como el rebaño de ovejas
que aparece en uno de los videos?
Finalmente creo que queda bien reflejado
el sentimiento de Jordi Colomer y la visión que tiene sobre este tipo de
proyectos, y podemos o no compartir su opinión o podemos o no entenderla. Pero
sin lugar a duda, todo aquel que acuda a ver esta exposición verá la necesidad
de indagar sobre la base de esta composición y querrá indagar en la confusión
(como a mí me pasó) que genera, o por lo menos a cuestionar los valores por los
que nos regimos actualmente.
Él mismo lo dice, esto no hará nunca
feliz a un hombre. Al menos queda ese consuelo.
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