Irene García Real.
“Os resultará más fácil sacarles el oro a los hombres que a los ríos”, con esta afirmación comienza la exposición “Prohibido cantar / No singing”, creada por Jordi Colomer, expuesta en el Matadero de Madrid en la sala Abierto x Obras, de un gran carácter didáctico y concienciador.
La exposición está compuesta por siete cortos en los que se muestran diferentes escenas que nos cuentan una historia.
El autor ha intentado expresar con ellos algo muy relacionado con la difícil situación social y económica actuales, representando el proceso que sufren, de principio a fin, las burbujas económicas, y mostrando además, los efectos que pueden causar en su entorno.
En muchos casos, como en la fundación de Eurofarlete, ciudad dedicada al dinero y a los placeres mostrada en los vídeos, hay una crítica al progreso mal entendido, provocado por la avaricia y la falta de valores a los que aferrarse.
En un principio, cuando la necesidad no se percibe, no es necesario progresar económicamente; cuando la vulnerabilidad está en el ambiente es el momento en que los buitres acechan y la fortaleza es erosionada, cuando la necesidad existe y hasta un clavo ardiendo es una buena opción. Es en este caso cuando se accede, por la presión de la situación a proyectos como Eurofarlete, abriéndoles las puertas de par en par a aquellos que han prometido riqueza y bienestar futuros a cambio de perder derechos y renunciar a valores, que acaban dejando a las personas ‘desnudas’.
Nada es casual en la estructura de este trabajo. Para acceder a la sala donde se encuentra la exposición debemos atravesar un primer espacio que está totalmente a oscuras. La segunda sala, a la que se accede a través de un conjunto de puertas transparentes, está totalmente iluminada y pintada de blanco. La tercera sala, donde se encuentra la exposición, vuelve a estar totalmente a oscuras, la única luz que hay es la que proviene de los proyectores reflejados en las pantallas donde se desarrolla la acción de los siete vídeos. Esto se puede interpretar como el proceso mismo de estas burbujas económicas: comienza en una época oscura y difícil, continúa con lo que parece ser una mejora, y finalmente las dificultades vuelven a ser tangibles. Es destacable también el continuo sonido del viento casi ensordecedor que es común en los siete vídeos, impidiendo que las pocas palabras que expresan los personajes puedan escucharse. Sólo el rugido del viento envuelve constantemente al espectador. Y la furgoneta, que muy bien puede interpretarse como símbolo de ese progreso económico pasajero, detrás del que corre el hombre en el tercer vídeo, y al que termina por abrir la puerta aunque no parece muy convencido. Cuando al final el sueño llega a su fin, quienes lo promovieron han desaparecido, y sólo queda el desencanto. La figura de la furgoneta, esta vez parada, está ahí otra vez.
Junto a las escenografías, el autor nos ayuda, por medio de la palabra escrita, a comprender que el hombre nunca será feliz por este camino.
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