martes, 25 de septiembre de 2012


SERMONES EN EL DESIERTO.


Delia Martínez Vázquez

JORDI COLOMER.

Prohibido cantar (Obra didáctica sobre la fundación de una ciudad paradisíaca).

Abierto x Obras. Matadero Madrid. Paseo de la Chopera, 10

 

Llevamos casi cinco siglos persiguiendo la misma quimera. La ciudad ideal e idealizada,  construida en oro, pavimentada en oro, escondida en algún lugar recóndito esperando a que la descubramos. Muchas fueron las expediciones que partieron en su búsqueda y muchos los hombres que perecieron en el intento… supongo que nos hemos vuelto más prácticos ¿por qué no construirla?

 

A través de una serie de breves proyecciones a caballo entre el teatro de aficionados y el falso documental, Jordi Colomer nos propone adentrarnos en  la mítica ciudad de Eurofarlete. Fundada por unos fugitivos en un lugar inhóspito que éstos  pretenden  transmutar en oro (como si los alquimistas viajasen acompañados por putas en furgonetas azules) “la ciudad dorada” se revela como un sueño inalcanzable, un fiasco.

 

Pequeños fragmentos del libreto de la ópera “Ascenso y caída de la ciudad de Mahagonny” de Bertolt Bretch  intercalados en las proyecciones nos ayudan a entrar en el universo Eurofarlete  “Os será más fácil sacarles el dinero a los hombres que a los ríos” y nos confirman la estrecha relación entre estas dos ciudades y tantas otras que nos vienen a la mente. Ciudades en las que “todo está permitido menos no tener dinero”, condenadas a nacer de la necesidad y condenadas necesariamente a fracasar.

 

Pero, ¿qué aporta Colomer a esta historia? ¿Cómo convierte esta ópera en zarzuela, en una zarzuela en la que está prohibido cantar?

 

Una de las claves está en las localización elegida, tanto por su ubicación - los terrenos del desierto de Los Monegros donde hasta febrero de 2012 estaba proyectada una macro ciudad con 32 casinos y 7 parques temáticos - como por las sensaciones que ésta transmite; la desolación de sus tierras yermas, el cierzo inclemente que no permite que se tenga en pie ni uno sólo de los precarios tinglados que montan los personajes de esta historia…

 

Los decorados y los personajes son, sin duda, los otros dos ingredientes de esta Mahagonny cañí; cutres, patéticos, aunque cargados de cierta inocencia que provoca la compasión del espectador. Prostitutas aburridas, escenarios montados con desgana, una taquillera solitaria tras la que pasa un rebaño de cabras, una showgirl que por más empeño que le ponga no consigue resultar atractiva, la cámara fija sobre una fiesta que ya ha acabado… queda tan claro desde la primera escena que el proyecto de ciudad del vicio que nos hará de oro va a fracasar,  que no es difícil empatizar con los habitantes de Eurofarlete,  Mahagonny, Los Monegros o Alcorcón. ¡Es tan humana la codicia!

 

En el desierto donde se alza Eurofarlete hay muchas piedras con las que tropezar  pero en esta obra con moraleja- no olvidemos que  la obra se autodefine como “didáctica”- el artista nos muestra cómo siempre tropezamos con la misma, cómo la promesa de riquezas, de la consecución de “El Dorado”, ciega al ser humano de pura avaricia y nos hace aceptar leyes inmorales,  ser expoliados, explotados, vendidos, alquilados y desechados a cambio de unas monedas que no bastarán para hacernos felices.

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