sábado, 22 de septiembre de 2012

El oscuro desierto de la crisis moral


Daniel Casasola Bel
Prohibido cantar/no singing (obra didáctica sobre la fundación de una ciudad paradisíaca), Jordi Colomer. Sala: Abierto x Obras, El Matadero.

¿Qué hacer cuando todo valor parece perdido? ¿A que agarrarse en un lugar donde el dinero es el objetivo, donde una no escrita ley maquiavélica incita al hombre a actuar sin juicio moral persiguiendo ansiadamente el lucro sin límites?
Estas son algunas de las preguntas que vinieron a mi cabeza tras observar durante un rato las siete proyecciones que Colomer había articulado en un espacio oscuro y siniestro, donde el mensaje de la obra y su espacio se funden para crear un espacio artístico de gran calidad.
Las imágenes, colocadas en fila a través de la pared final de la sala, reproducían, de manera desordenada y caótica, la formación de la ciudad ideal de Eurofarlete, donde hombres y mujeres muy variopintos aparecen intentando ganarse la vida por medio del engaño o la prostitución, en una ciudad asentada sobre lo que iba a ser el proyecto Gran Scala de los Monegros, ironizando entre las enormes ciudades de casinos donde todo parece perfecto, y lo que realmente hay detrás: un desierto donde unos cuantos intentan enriquecerse a costa de otros sin importarles nada vender su alma por dinero, donde todo está en venta, hasta la dignidad humana y donde (en palabras del propio Colomer parafraseando a Bertolt Brecht en su obra mahagonny) “os será más fácil sacar el dinero a los hombres que a los ríos”
Y en cierto modo se podría decir que en mahagonny se define muy bien el sentido de la obra y que sin duda es una de las grandes influencias de “prohibido cantar”, pues en esta ópera moderna una ciudad se construye en medio de un desierto, y se trata de una ciudad dorada donde el único fin es enriquecerse y el único mal posible es no disponer de dinero, donde parece que todo va bien, que todo es perfecto, armonioso, e ideal y donde de la misma manera se descubre que esa forma de vida “nunca hará feliz al hombre”, como dice Colomer en una de sus reproducciones.
Tras analizar el profundo e importante mensaje que intenta transmitir Colomer en esta obra, si tratamos el tema artístico nos chocamos con un tema complejo. En la obra de Colomer el mensaje está demasiado valorado y eso, desde mi punto de vista, sacrifica el valor artístico real de la obra en sí, y se transforma en una película fragmentada e intencionadamente desordenada de una calidad cinematográfica tan cuestionable que de haber sido película no se diferenciaría de tantos otros cortos baratos caseros.
Y sin embargo Colomer consigue crear un espacio donde se conjugan el sonido atronador de un viento apabullante con la oscuridad y el estado ruinoso de la decoración de las salas para infundir un determinado sentimiento en el espectador que también forman parte de la obra y la hacen interesante y valiosa. Esta conjunción de la obra de arte como algo que rompe esquemas saliéndose de lo meramente físico de un cuadro o una escultura para conjugar en sí sonidos, espacios y videos diferencia una obra cualquiera de una autentica obra de arte.

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