Prohibido
cantar/no singing” Jordi Colomer.
Matadero
de Madrid. Abierto x obras.
Prohibido cantar, si , pero
entonces...¿qué está permitido?¿ la corrupción,el vicio,la
prostitución,la perversión, el desenfreno, la extorsión?
Nada más salir de aquella oscura y
vacía sala frigorífica del Matadero, brotó sin ninguna contención
esta cuestión en mi cabeza.
Me gustaría saber quién es capaz de
definir la frontera entre el concepto de placer sin ningún tipo de
degeneración y el de vicio con su consiguiente decadencia terrenal.
¿Dónde queda ese límite ?
Realmente en esta ciudad hecha a imagen
de Mahagonny todo esta permitido mientras tengas cómo pagarlo, bueno
todo todo no,la creatividad personal se ve reprimida puesto que en
esta ciudad todo se te da hecho. En cada segundo te dicen lo que
tienes que hacer, cómo hacerlo y dónde tienes que ir para
conseguirlo. De esta forma no queda cabida para la concepción de
ideas propias y de ahí, el título de la obra“prohibido cantar.”
Desde mi punto de vista ese “cantar” es un reflejo de la esencia
y de la voluntad del hombre, ambas deslumbradas por los focos de la
exuberancia y del exceso
Eurofarlete representa una sociedad
podrida de la que rezuma un hedor corrupto que emerge del tipo de
prostitución a la que se ven sometidos sus habitantes vendiendo su
autodeterminación a cambio de capital y de placeres fugaces .Son
lugares repletos de hombres y mujeres con trajes degradantes,
totalmente fuera de sí, amaestrados como focas, como cobayas
mordisqueando el cebo que se les es dado contínuamente y tan cegados
por el neón que les es imposible juzgar su comportamiento,
simplemente se retroalimentan una y otra vez de esa pestilencia que
parece enajenar a todo aquel desgraciado que se ve envuelto en ella.
Jordi Colomer ha querido enseñarnos lo
que hay detrás de todo este tipo de “ocio” de una forma un tanto
surrealista y llena de contradicciones. No ha elegido el lugar ni
el moviliario al azar sino que con ello, pretende revelar que
debajo de todo ese lujo y exceso, expuesto con orgullo en los
casinos, tan solo queda unos tristes tableros de madera y una
cuantía de pastillitas de plástico de colores sin ninguna
trascendencia.
Lo cierto e incuestionable es que con
tan escueto despliegue de medios, Jordi ha exprimido al máximo un
tema de actualidad y lo ha hecho de una forma excéntrica
donde él pone los medios y después procura dejarnos independencia y
autonomía para darle cada uno de nosotros un significado distinto a
esta exposición, de modo que se puedan sacar diversas conclusiones y
dónde no haya nada escrito, si no, infinitas interpretaciones de sus
gestos y del sentido de estos.
Sofía López Martínez
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