miércoles, 26 de septiembre de 2012

Moral de esclavos


Prohibido cantar/no singing” Jordi Colomer.
Matadero de Madrid. Abierto x obras.


Prohibido cantar, si , pero entonces...¿qué está permitido?¿ la corrupción,el vicio,la prostitución,la perversión, el desenfreno, la extorsión?
Nada más salir de aquella oscura y vacía sala frigorífica del Matadero, brotó sin ninguna contención esta cuestión en mi cabeza.
Me gustaría saber quién es capaz de definir la frontera entre el concepto de placer sin ningún tipo de degeneración y el de vicio con su consiguiente decadencia terrenal. ¿Dónde queda ese límite ?



Realmente en esta ciudad hecha a imagen de Mahagonny todo esta permitido mientras tengas cómo pagarlo, bueno todo todo no,la creatividad personal se ve reprimida puesto que en esta ciudad todo se te da hecho. En cada segundo te dicen lo que tienes que hacer, cómo hacerlo y dónde tienes que ir para conseguirlo. De esta forma no queda cabida para la concepción de ideas propias y de ahí, el título de la obra“prohibido cantar.” Desde mi punto de vista ese “cantar” es un reflejo de la esencia y de la voluntad del hombre, ambas deslumbradas por los focos de la exuberancia y del exceso


Eurofarlete representa una sociedad podrida de la que rezuma un hedor corrupto que emerge del tipo de prostitución a la que se ven sometidos sus habitantes vendiendo su autodeterminación a cambio de capital y de placeres fugaces .Son lugares repletos de hombres y mujeres con trajes degradantes, totalmente fuera de sí, amaestrados como focas, como cobayas mordisqueando el cebo que se les es dado contínuamente y tan cegados por el neón que les es imposible juzgar su comportamiento, simplemente se retroalimentan una y otra vez de esa pestilencia que parece enajenar a todo aquel desgraciado que se ve envuelto en ella.

Jordi Colomer ha querido enseñarnos lo que hay detrás de todo este tipo de “ocio” de una forma un tanto surrealista y llena de contradicciones. No ha elegido el lugar ni el moviliario al azar sino que con ello, pretende revelar que debajo de todo ese lujo y exceso, expuesto con orgullo en los casinos, tan solo queda unos tristes tableros de madera y una cuantía de pastillitas de plástico de colores sin ninguna trascendencia.

Lo cierto e incuestionable es que con tan escueto despliegue de medios, Jordi ha exprimido al máximo un tema de actualidad y lo ha hecho de una forma  excéntrica donde él pone los medios y después procura dejarnos independencia y autonomía para darle cada uno de nosotros un significado distinto a esta exposición, de modo que se puedan sacar diversas conclusiones y dónde no haya nada escrito, si no, infinitas interpretaciones de sus gestos y del sentido de estos.

Sofía López Martínez

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