NADA POR AQUÍ, NADA POR ALLÁ
“Prohibido
cantar/ no singing” es la nueva obra de Jordi Colomer expuesta en la antigua
cámara frigorífica de Madrid. Colomer, no contento con hacer brillante su obra
en sí, realiza un especial acceso hasta la sala en la que se encuentran las
proyecciones. En primer lugar, nos vemos obligados a pasar por un primer acceso
por el que solo entran unos tímidos rayos de luz que apenas evitan encontrarnos
casi en una oscuridad total. La entrada a la segunda sala está señalizada por
un puerta con cintas de plástico que se encuentran en constante movimiento, por
lo que aparentemente parece la brisa del viento. Una vez dejamos atrás esas
cintas, la iluminación del cuarto da un cambio radical, siendo esta una sala de
paredes blancas que favorecen la sensación de luminosidad y brillo de la que
carecía la sala anterior. En esta sala podemos destacar también el intenso y
fuerte sonido del viento al cual no podemos darle explicación hasta que por último llegamos a la sala de proyecciones,
iluminada solo por el brillo que desprenden las siete pantallas, lo cual
favorece a que lo que aparece en estas, sea nuestro único punto de atención.
Siete,
solo siete son las video-proyecciones que necesita Jordi Colomer para
sumergirnos en un mundo caótico, en el que una serie de personajes aparecen
enmarcados por un mismo espacio. Un lugar desértico, sin ningún tipo de
edificación o manipulación humana. Solo un garito montado por los propios
personajes, donde se ofrecen todo tipo de juegos de mágica, trucos, amor y
comida a muy bajo precio. En este mundo caótico, aparentemente no encontramos
nada, pero lo alberga todo. El desarrollismo y la explotación de las tierras
con el objetivo prioritario de llevar a cabo megaproyectos que disparan las
ilusiones de todos aquellos que se viesen favorecidos por el crecimiento
económico que estos pudiesen ofrecer. En estos ideales se apoya Jordi Colomer
para llevar a cabo su obra “Prohibido cantar/no singing”.
El
espacio en el que se encuentran estos personajes, es el mismo que los solares
en los que se iba a levantar el megaproyecto español de Monegrosvegas en
Aragón, que nunca vio la luz y lo que allí sucedió durante dos días. Este
proyecto, llamado Gran Scala, consistía en crear una ciudad privada que
atrajese a 25 millones de visitantes y se levantasen 32 casinos entre otras
muchas actividades de ocio; pretendiendo hacer de Gran Scala una ciudad privada
con el objetivo de que si algo lloviese, fuese oro. Así pues, Colomer presenta en
estas 7 pantallas, como prospera la ciudad de Eurofarlete tras la negativa de
crear el que solo ha podido ser imaginario Monegrosvegas. De este modo, se crea
un lazo entre realidad y ficción.
Si
estudiamos más a fondo lo que Jordi Colomer quiere transmitir en esta obra, no
podemos evitar darnos cuenta de la semejanza de estas proyecciones, con la
imaginaria ciudad de Mahagonny de Bertolt Brecht, en donde tres seres
fracasados fundan una nueva ciudad en el desierto; y al igual que en
Eurofalete, el único delito es no tener dinero.
Por
otra parte, el proyecto Eurovegas de Madrid, se encuentra en la misma situación
que lo hizo Monegrosvegas, pues aún no hay ni imágenes, ni mapas, tan solo la
imaginación de aquellos que ilusionados, que esperan ver crecer este
megaproyecto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario