martes, 25 de septiembre de 2012


NADA POR AQUÍ, NADA POR ALLÁ
“Prohibido cantar/ no singing” es la nueva obra de Jordi Colomer expuesta en la antigua cámara frigorífica de Madrid. Colomer, no contento con hacer brillante su obra en sí, realiza un especial acceso hasta la sala en la que se encuentran las proyecciones. En primer lugar, nos vemos obligados a pasar por un primer acceso por el que solo entran unos tímidos rayos de luz que apenas evitan encontrarnos casi en una oscuridad total. La entrada a la segunda sala está señalizada por un puerta con cintas de plástico que se encuentran en constante movimiento, por lo que aparentemente parece la brisa del viento. Una vez dejamos atrás esas cintas, la iluminación del cuarto da un cambio radical, siendo esta una sala de paredes blancas que favorecen la sensación de luminosidad y brillo de la que carecía la sala anterior. En esta sala podemos destacar también el intenso y fuerte sonido del viento al cual no podemos darle explicación hasta que  por último llegamos a la sala de proyecciones, iluminada solo por el brillo que desprenden las siete pantallas, lo cual favorece a que lo que aparece en estas, sea nuestro único punto de atención.
Siete, solo siete son las video-proyecciones que necesita Jordi Colomer para sumergirnos en un mundo caótico, en el que una serie de personajes aparecen enmarcados por un mismo espacio. Un lugar desértico, sin ningún tipo de edificación o manipulación humana. Solo un garito montado por los propios personajes, donde se ofrecen todo tipo de juegos de mágica, trucos, amor y comida a muy bajo precio. En este mundo caótico, aparentemente no encontramos nada, pero lo alberga todo. El desarrollismo y la explotación de las tierras con el objetivo prioritario de llevar a cabo megaproyectos que disparan las ilusiones de todos aquellos que se viesen favorecidos por el crecimiento económico que estos pudiesen ofrecer. En estos ideales se apoya Jordi Colomer para llevar a cabo su obra “Prohibido cantar/no singing”.
El espacio en el que se encuentran estos personajes, es el mismo que los solares en los que se iba a levantar el megaproyecto español de Monegrosvegas en Aragón, que nunca vio la luz y lo que allí sucedió durante dos días. Este proyecto, llamado Gran Scala, consistía en crear una ciudad privada que atrajese a 25 millones de visitantes y se levantasen 32 casinos entre otras muchas actividades de ocio; pretendiendo hacer de Gran Scala una ciudad privada con el objetivo de que si algo lloviese, fuese oro. Así pues, Colomer presenta en estas 7 pantallas, como prospera la ciudad de Eurofarlete tras la negativa de crear el que solo ha podido ser imaginario Monegrosvegas. De este modo, se crea un lazo entre realidad y ficción.
Si estudiamos más a fondo lo que Jordi Colomer quiere transmitir en esta obra, no podemos evitar darnos cuenta de la semejanza de estas proyecciones, con la imaginaria ciudad de Mahagonny de Bertolt Brecht, en donde tres seres fracasados fundan una nueva ciudad en el desierto; y al igual que en Eurofalete, el único delito es no tener dinero.
Por otra parte, el proyecto Eurovegas de Madrid, se encuentra en la misma situación que lo hizo Monegrosvegas, pues aún no hay ni imágenes, ni mapas, tan solo la imaginación de aquellos que ilusionados, que esperan ver crecer este megaproyecto.

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