Concepción Balmaseda Gómez-Cabrero
Prohibido cantar/no singing
(obra didáctica sobre la fundación de una ciudad paradisíaca), Jordi Colomer. Sala:
Abierto x Obras, El Matadero.
El fantasma de la ciudad de El Dorado reaparece en
una de las antiguas cámaras frigoríficas del matadero de Madrid. El entorno
parece haber sido creado expresamente para instalar las siete proyecciones que
componen la obra de Jordi Colomer. Hasta sus paredes ennegrecidas por un
antiguo incendio nos trasladan al infierno. ¿Qué lugar mejor para fundar una
ciudad de vicio, juego, prostitución, proxenetas y toda clase de pecados
conocidos? Un lugar al que acudirá un rebaño de almas cándidas, representado en
uno de los vídeos, camino, otra vez la metáfora, del matadero.
El fantasma de El Dorado sobrevuela Los Monegros,
pero la ambición ha aterrizado por fin en Navalcarnero, después de haber
rondado otros emplazamientos. Jordi Colomer recurre al proyecto fallido de Gran
Scala, que tenía en sus planes convertirse en la segunda oferta mundial de
casinos, para crear una sátira de lo que pudo ser la ciudad de la ambición en
medio del desierto de Los Monegros.
La cámara fija, anclada en su emplazamiento, sin
concesiones, denuncia con sordidez
los planes que no se llegaron a materializar en Aragón, pero cuyos
actores lejos de retirarse de la escena, aparecerán cada uno representando su número,
en otro espacio.
Las alusiones a la ciudad remota de Mahagonny, que
aparece en la ópera de Kurt Weill, con libreto de Bertolt Brecht, son precisas
para marcar los paralelismos entre aquella ciudad fundada en el desierto para
“sacar el oro a los hombres” y el proyecto de ese Dorado en España. Incluso,
aparece el camión (furgoneta) que en la ópera tiene un papel protagonista pues
todo se inicia en el momento en que su motor decide dejar de funcionar. Sus
conductores, unos forajidos perseguidos por la policía, deciden levantar la
Ciudad, donde debe primar ARMONÍA y CALMA.
Jordi Colomer crea una sensación de repetida angustia
en las siete proyecciones, con ritmo y poesía. Las personas que aparecen en los
videos no son ajenas al hecho denunciado, no son actores que interpretan una
realidad desconocida. Jordi Colomer ha elegido a personas reales, habitantes de
Farlete, el pequeño pueblo aragonés cercano al lugar donde estaba proyectada la
nueva versión de Las Vegas. Farlete, ¿para qué cambiar el nombre? Basta con
añadirle un prefijo globalizador y ya está, la ciudad que recibirá a “los
descontentos de todos los continentes”.
Eurofarlete es una contradicción, un absurdo que no
conseguirá hacer feliz al hombre.
¡AY! TODA ESTA EUROFARLETE VUESTRA
NO HARÁ NUNCA FELIZ A UN HOMBRE
PORQUE HAY DEMASIADA CALMA
Y DEMASIADA ARMONÍA
Y PORQUE HAY DEMASIADAS COSAS
A LAS QUE AGARRARSE
PERO TODA ESTA EUROFARLETE EXISTE SOLO
PORQUE TODO ES MALO PORQUE NO HAY TRANQUILIDAD
NI HAY ARMONÍA
Y PORQUE NO HAY
NADA A LO QUE UNO SE PUEDA AGARRAR.
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