jueves, 20 de septiembre de 2012

Castigada al cuarto oscuro.



Laura Sánchez Crespo.
Prohibido cantar/no singing (obra didáctica sobre la fundación de una ciudad paradisíaca), Jordi Colomer. Sala: Abierto x Obras, El Matadero.

La sala Abierto x Obras viene presentada por un pasillo iluminado con una luz blanca, artificial y muy fuerte, y desde el cual los inciertos sonidos que salen a través de las tiras de plástico nos invitan a entrar. Este es el primer gancho en el que atrapa Jordi Colomer a quien se adentra en Eurofarlete, pues tras tanta luz, y con tanto ruido, es difícil no cegarse en la oscura habitación y quedar aturdida por un momento.
Esto nos obliga a hacer el esfuerzo de concentrarnos en las siete proyecciones, a base de video y texto, que se reproducen en bucle, desordenadas y de manera simultánea. El intento de ordenar la “historia” es absurdo, pero tentador, y también trastoca así el artista nuestra orientación en el espacio y el tiempo.
De esta forma, nos introducimos en “la ciudad dorada”, en el proyecto no llevado a cabo de una población- o despoblación- que se funda con tan sólo parar una furgoneta pintarrajeada en medio de la nada.
Con un indudable parecido a la imaginaria Mahagony de Brecht y Weill, a la real Las Vegas, a la moderna Brasilia, a la descabellada Gran Escala, que no vio la luz y a la monstruosa Eurovegas, tan actual que está por concebir; la ciudad que construye Jordi Colomer no tiene límites o es muy limitada, ya que no ocupa ni más que un trozo de tierra- donde cae la sombra de los personajes de sus vídeos- ni menos que un inmenso y yermo solar. Y es este infinito desierto, ruidoso, cuando lo que predomina es el lento silencio, el que nos produce el sentimiento de desarraigo que las otras metrópolis infunden a base de velocidad, horror vacui y saturación de eslóganes.
Eurofarlete se nos muestra siempre desde el contraste, por una parte por la técnica de la obra, donde se yuxtaponen imagen y texto, luz y sombra, el ruido del viento y el hecho de que casi nadie hable; y por otra desde el puro concepto, que nos revuelve un poco, ya que en teoría íbamos a ver una ciudad- que después de ver otros proyectos de Jordi, adelantábamos ya repetitiva, o hecha con objetos de tal o cual procedencia, con lo que ha jugado otras veces- pero nos encontramos con lo contrario, un páramo con cuatro cosas mal puestas. Es este contraste el que pone en evidencia que ahí está el mensaje, lo distinto de una obra con respecto a otra. Eurofarlete es el proyecto que no ha llegado a nada. Viento, polvo, mucho ruido y pocas nueces son el resultado de lo que fue ideado sin “nada a lo que uno se pueda agarrar”.
Ciertamente ningún valor sustenta una ciudad en la que reinan el espectáculo barato, el juego o el cuerpo femenino en venta; donde lo más parecido que hay a un edificio son las débiles estructuras de metal, cubiertas por telas o sujetas por las propias personas, donde lo más parecido a un skyline es el recorte de las siluetas de las pantallas en la oscuridad de la sala, una ciudad donde lo más parecido a una ciudad, es el desconcierto y turbación que castigan a quien la contempla desde fuera.
A mí, como dato anecdótico, me levantó dolor de cabeza.

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